En el Reino Unido hay muchos buenos motivos para adelgazar. No sólo disminuye el riesgo de contraer cáncer, de padecer diabetes o de sufrir enfermedades cardíacas; ahora, además, es una buena excusa para ingresar unas cuantas libras en la cuenta corriente.
Esta iniciativa pionera viene motivada por los alarmantes datos de obesidad del país ya que, según los cálculos, la mayoría de la población del Reino Unido será obesa para mediados de siglo.
Los incentivos propuestos por el gobierno de Gordon Brown consisten, entre otros, en competiciones en los lugares de trabajo, donde quienes abandonen la comida basura y bajen de peso ganarán dinero y trofeos, según publica BBC Mundo.
Reino Unido quiere volver a los niveles de obesidad que tenía el país en el año 2000 y, para ello, pretenden combatir duramente la obesidad infantil, que estaba en un 26% a principios de milenio.
Fuente: 20minutos.es
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La segunda fase de un estudio estadounidense sobre adolescentes y hábitos alimenticios ha concluido que compartir comidas frecuentemente con la familia reduce el riesgo de que las adolescentes caigan en comportamientos peligrosos para controlar su peso, como vomitar o usar laxantes.
La adolescencia es un periodo difícil en muchos aspectos. En ella aparecen las primeras preocupaciones por la figura que, en ocasiones, se traducen en comportamientos peligrosos para la salud que pueden desembocar en enfermedades como la anorexia y la bulimia.
Para vencerlas y prevenirlas cada vez parece más claro que el papel de los padres es clave. La primera fase del Proyecto EAT, capitaneado por investigadores de la Universidad de Minnesota (EEUU), descubrió que los jóvenes que compartían más comidas con sus familias solían tener hábitos más sanos o ser menos propensos a caer en las drogas, entre otros beneficios.
Ahora, las conclusiones publicadas en la revista 'Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine', que corresponden a la segunda parte del estudio, se centran en la aparición de trastornos de la alimentación y su posible relación con esta costumbre.
Más de 2.000 adolescentes procedentes de 31 colegios de este Estado de EEUU informaron en 1999 sobre la frecuencia con la que comían o cenaban con la familia y cinco años más tarde rellenaron un cuestionario sobre prácticas poco sanas para controlar su peso. Entre ellas, si se provocaban el vómito, consumían laxantes o diuréticos, se saltaban comidas o comían poco.
Entre las chicas, el uso de los métodos más extremos era menos frecuente en aquellas que compartían mesa y mantel más de cinco veces a la semana con padres y hermanos, independientemente de cual fuera su índice de masa corporal, el estatus socioeconómico y la unidad de la familia.
En cuanto a las prácticas menos graves, como saltarse comidas, no se registraron diferencias significativas "aunque la tendencia iba en una dirección que sugería un efecto protector de las comidas familiares", según los autores. Sin embargo, esta influencia positiva no se detectó en los participantes masculinos que, paradójicamente, mostraron más comportamientos de riesgo cuanto mayor era la frecuencia de estas reuniones. Eso sí, sólo de las prácticas menos agresivas.
Tal vez estas diferencias entre sexos se deban a que chicos y chicas "viven estas comidas de diferente forma", explica el estudio. "Las chicas se implican más en la preparación [...] y puede que sean más permeables a la influencia de las relaciones interpersonales y familiares que los chicos". Pero se trata sólo de "especulaciones".
Sea cual sea la razón, compartir cenas y almuerzos en el hogar previene la aparición de trastornos de la alimentación, al menos, en las chicas. "Es importante ayudar a las familias a encontrar la forma de compartir más comidas dada la elevada prevalencia de estas patologías entre las adolescentes", concluyen los autores.
Otro trabajo publicado en la misma revista señala que la percepción que las adolescentes tienen de sí mismas y de su estatus social también afecta a su peso. En este estudio, realizado entre 1999 y 2004, se muestra cómo las chicas que se percibían a sí mismas como pertenecientes a las clases sociales más bajas tenían mayor riesgo de engordar en los dos años siguientes.
Este tipo de observaciones, asegura un editorial en la misma publicación, debería tenerse en cuenta a la hora de afrontar la epidemia de obesidad juvenil y adolescente que se vive en muchos países occidentales. "Cualquier intervención futura deberá tener en cuenta el comportamiento social de los adolescentes y cómo se transmiten información sobre salud entre ellos en el día a día, bien a través de las relaciones directas o de las redes sociales a través de Internet".
Fuente: elmundo.es
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La imagen corporal de la persona obesa es un tema central a considerar. Pero establezcamos a qué nos referimos cuando hablamos de imagen corporal: es la representación que nos hacemos de nuestro propio cuerpo, pero no es mera percepción, muchas veces no se condice con la realidad.
Por lo tanto, este tema es uno de los principales motivos por los cuales somos consultados: Por la idea que el obeso tiene de su cuerpo.
El obeso no sufre tanto dolor físico como dolor causado por su propia imagen y además de este dolor aparece el deseo de un cambio corporal.
Cabe preguntarse si ser gordo significa ser obeso.
Creemos que gordura y obesidad no son sinónimos partiendo de la idea de que la obesidad es una enfermedad, mientras que la gordura (grasa en el cuerpo) es sólo uno de sus síntomas manifiestos.
La obesidad implica una determinada articulación entre lo manifiesto (cuerpo gordo y conducta adictiva) y lo latente (imagen corporal y deseo).
En la práctica psicoterapéutica con pacientes obesos, hemos comprobado la existencia de trastornos en el esquema corporal (medidas y funciones corporales) y también sexuales.
Muchas veces el esquema corporal dificulta la pérdida de peso, como así también facilita la recuperación del peso perdido ya que el deseo conciente de adelgazar se ve perturbado por el reengorde que padecen estos pacientes.
Como en otros síntomas, el engordar salvaguarda una posible identidad, en el caso del obeso: comer como un chico, comportarse como un chico, ser tratado como un chico. A través de esta conducta, el obeso consigue dar rienda suelta a su compulsión de comer que implica una identidad rígida obturando el deseo real de adelgazar.
Es desde esta mirada que creemos se puede establecer un abordaje terapéutico en el tratamiento de la obesidad.
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Médicos y nutricionistas advierten que ninguna dieta o máquina es mágica. Dicen que sirven solamente si acompañan procesos largos y que impliquen cambios de conducta, como comer sano y hacer actividad física.
El verano se acerca aligerando la ropa y el anzuelo seduce. Basta ingresar en cualquier buscador de la web "tratamientos para adelgazar" para que una catarata de propuestas nos alegre el día con la promesa de que todo lo que uno esquivó durante el año puede lograrse en apenas días. No importa si pasó todo el invierno con la cola estrellada contra una silla; tampoco, si subió dos talles desde que en marzo guardó la bikini. "Baje 5 kilos en una semana", "elimine diez centímetros en tres sesiones". Suena bien, súper tentador, pero ¿cuánto hay de cierto en esos supuestos "milagros"?
Nutricionistas, médicos, endocrinólogos y deportólogos coinciden a rajatabla: "Nada". Todo aquello que, en materia de salud o estética, se promocione como "mágico" o prometa resultados en cuestión de días "carece de seriedad", subrayan.
Tratamientos con láser "para perder peso sin pasar hambre". Ozonoterapia anticelulitis. Cápsulas térmicas para recortar diez centímetros en un mes. Fajas adelgazantes. Electroestimulación... El abanico de tratamientos corporales que invadieron el mercado apoyados en nuevas tecnologías es amplio y hay que discriminar. "Algunos tienen fundamento científico y otros no, pero ninguno es mágico", coinciden los expertos.
"Hoy contamos con aparatología que puede brindar muchos beneficios si está bien indicada. Pero ninguna máquina resuelve nada en el corto plazo ni hace milagros. Los tratamientos localizados deben usarse como complemento y de manera artesanal, no masiva. El diagnóstico médico previo y durante el tratamiento es crucial, porque algunos pueden ser contraproducentes para algunos pacientes", dice Ana Cappelletti, médica especialista en endocrinología de la mujer.
A Cappelletti la desvela un tema que es anterior a la búsqueda de soluciones mágicas: "La neurotización de la mujer: a muchas les hacen creer que tienen una patología cuando su problema es exclusivamente estético. Les meten en la cabeza que tienen enfermedades que no existen". Es una tendencia asociada a cierta fobia al "sobrepeso ginoide" (de la cintura para abajo), que puede resultar feo, pero "no tiene riesgo cardiovascular", dice.
"Las mujeres tenemos tendencia a acumular más grasa que los hombres y a que se distribuya en la cadera, la cola y las piernas. Es algo ligado a la función reproductiva. Pero esos centímetros de más sólo generan enfermedades asociadas en caso de obesidad", explica Cappelletti, y arremete también contra la obsesión con la balanza y con el Indice de Masa Corporal: "Cada caso es particular: no existen valores ideales que le quepan a todo el mundo".
Julio César Durán, endocrinólogo y nutricionista del Centro de Investigación y Tratamiento de Obesidad, cuestiona lo que llama el "negocio de la desesperación". Para él, el mayor problema de estos aparatos "no es si son efectivos, sino cómo se promocionan: algunos, como la mesoterapia, ofrecen buenos resultados, pero en manos inexpertas pueden generar un efecto rebote posterior. Y otros, como las cápsulas térmicas, provocan pérdida de líquidos, pero no de grasas. A veces, en estas búsquedas, no sólo perdemos dinero sino también salud".
En el centro de estética Iobella coinciden en que hay "mucho chanta" afectando al rubro. Mónica Jorquera, su directora, enfatiza: "Es fundamental trabajar con profesionales y desde la salud: lo estético es secundario. Jamás decimos que un tratamiento te va modelar en un mes: los objetivos y posibilidades se ajustan a cada paciente".
Todos acuerdan: los tratamientos serios requieren tiempo. "Adelgazar es un proceso que implica cambios en la conducta alimentaria y en la actividad física. El sobrepeso es una enfermedad y el tratamiento debe considerar toda la situación clínica", dice Jorge Braguinsky, director del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro. "No es casual que las soluciones mágicas y el charlatanerismo florezcan en este terreno. Estos atajos florecen en el malestar psicológico, en la contradicción entre la imagen corporal socialmente exigida y las posibilidades de tenerla"
Fuente: clarin.com
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Muchas personas se dan 'atracones alimentarios' de vez en cuando. Acciones inconscientes llevadas a cabo para calmar, con alimentos, un estado de ansiedad o de euforia mal canalizados.
Una situación nerviosa, un cambio importante en la vida, una desgracia o la celebración de algo importante son, entre otras, condiciones que generan la excitación suficiente para buscar en la comida el placer esperado y deseado.
No hay que darle más importancia si se trata de una conducta esporádica y pasajera que responde a circunstancias personales concretas, aunque después del exceso se siente el malestar provocado por la ingesta exagerada.
Esta conducta se transforma en un trastorno cuando se llega a perder el control y ocurre a menudo. En estos casos la persona ingiere incontroladamente grandes cantidades de comida, generalmente en menos de dos horas, pudiendo llegar a tomar en una sola ingesta más calorías de las que necesita para todo un día.
Mujeres y dietas restrictivas
Las mujeres son el grupo de población que tiene más episodios de atracón. En la mayoría, el descontrol es pasajero y no genera más preocupación.
En términos generales, la mujer se preocupa con mayor frecuencia por su peso corporal y presenta mayor tendencia que los hombres a seguir dietas y otras estrategias que ayudan a controlar la imagen y perder peso.
La preocupación excesiva contribuye a distorsionar su propia percepción del hambre y de la saciedad, y le lleva a caer en la tentación de comer de manera más compulsiva.
En el caso del trastorno por atracón patológico, se requiere el asesoramiento experto de psiquiatras y psicólogos. El retrato más común es el de una mujer de mediana edad, con cierta preocupación por su figura y que durante su vida ha hecho dietas de adelgazamiento en diversas ocasiones, aunque no siempre ha recibido buen asesoramiento.
Muchas de estas dietas llevadas a cabo son consideradas como dietas milagro. Existe una relación directa entre las dietas de adelgazamiento y la aparición de atracones.
Ser mujer y padecer sobrepeso u obesidad, junto a una historia de importantes fluctuaciones en el peso, son factores de riesgo muy significativos.
El exceso de grasa corporal puede convertirse en parte de la causa y, a la vez, en una consecuencia común de este síndrome.
Aprender a comer
Comer demasiado y sin control puede darse como consecuencia de restricciones prolongadas de alimentos o en situaciones estresante, de angustia, aburrimiento o tristeza. Se empieza por un dulce y, cuando la persona se da cuenta, se ha acabado el paquete de galletas o la caja de bombones.
Como es lógico, estos atracones llevan consigo consecuencias físicas y emocionales. Provocan desazón y empacho, así como tristeza y malestar por no haber dejado de comer a tiempo.
Aunque los episodios de falta de control con la comida no sean frecuentes, si alguien se siente identificado, le podría servir el asesoramientio de un dietista. Así, un hecho pasajero no se convertiría en una obsesión.
Las pautas dietéticas son básicas para conocer la importante implicación entre la realización de las dietas de adelgazamiento (muchas de ellas consideradas milagrosas) y lo que significa darse un atracón.
La reeducación alimentaria por parte del dietista se basa en enseñar a comer sana y equilibradamente
Ingesta desproporcionada
La desproporción de calorías, grasas y azúcares que acompañan a los atracones son importantes. Por ejemplo, las 1.200 kilocalorías que puede aportar media caja de bombones cubren la mitad de las necesidades energéticas de una persona adulta sana.
Si en una tarde se comen seis pasteles, las calorías llegan a 1.300, es decir, se ha ingerido más del 60% de la energía necesaria para una mujer en un día. Además, es una ingesta principalmente elaborada a base de grasas y azúcares. Las grasas son los nutrientes con menor poder saciante. Por eso es más fácil comer una mayor cantidad de alimentos grasos.
Tratamiento multidisciplinar
La epidemia de obesidad que amenaza el mundo occidental trae consigo nuevos problemas de la conducta alimentaria.
Uno de ellos es el trastorno por atracón o 'Binge Eating' que, según una encuesta estadounidense reciente elaborada por científicos de la Universidad de Harvard y publicada este año en la revista 'Biologycal Psychiatry' , ya es más predominante que la anorexia y la bulimia nerviosas.
Desde 1994, la Asociación Americana de Psiquiatria incluye este trastorno en el 'Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales' (DSM-IV). Establece también el protocolo que se debe seguir para hacer el diagnóstico de trastorno por atracón.
Para que así sea, la persona debe manifestar, al menos, dos de estos cinco síntomas:
- Deglución mucho más rápida de lo normal.
- Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
- Ingestión de grandes cantidades de comida pese a no tener hambre.
- Comer a solas para esconder la voracidad.
- Sentimiento de culpabilidad después del episodio.
Este trastorno alimentario se caracteriza por atracones recurrentes en ausencia de conductas purgativas típicas de la bulimia nerviosa, como por ejemplo la autoinducción del vómito, el abuso de laxantes u otros fármacos o el ayuno y el ejercicio físico excesivo. Es por este motivo que, aunque el diagnóstico sea psiquiátrico, el tratamiento debe combinar componentes psicoterapéuticos, psicoeducativos, psicofarmacológicos y, por supuesto, dietéticos.
Fuente: 20minutos.es
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"Subir andando quema más calorías por minuto que correr", "Coge las escaleras". Mensajes como estos consiguen que la población se aficione a una práctica tan simple como sana: subir a pie en lugar de coger el ascensor.
Así lo acaban de constatar dos investigadores británicos, que desde hace varios años estudian cómo promocionar el ejercicio físico con mensajes que fomenten el uso de los clásicos peldaños. Las campañas de este tipo han demostrado su eficacia en centros comerciales, estaciones de tren, aeropuertos o estaciones de autobús. Recientemente, una iniciativa en el metro de Barcelona también consiguió que los usuarios de esta ciudad olvidasen las escaleras mecánicas.
Los últimos trabajos de los británicos demuestran que estas campañas no sólo hacen que el usuario opte por subir andando en el momento que ve el cartel, sino que, en general, crece el empleo de las escaleras clásicas, incluso cuando no se ven los mensajes. Sus experiencias aparecen publicadas en la revista 'American Journal of Health Promotion'.
"Ningún estudio anterior había evaluado esto", explica a elmundo.es Oliver J. Webb, principal firmante del trabajo e investiagdor de la Escuela de Ciencias del Deporte y el Ejercicio de la Universidad Loughborough. Webb y su colega Frank Eves colocaron en las escaleras de un centro comercial (bien visibles, en los laterales de los peldaños) unas pegatinas que pregonaban las bondades de este sencillo ejercicio. "Coge las escaleras" y "Siete minutos de subir escaleras al día protege tu corazón" fueron los eslóganes elegidos en esta experiencia.
"Cuanto más específica haces la información del mensaje, más probabilidades hay de que la gente use las escaleras", explica Webb.
Durante seis semanas, los autores contaron cuántas personas subían y bajaban por un conjunto de escaleras de un centro comercial: unas mecánicas flanqueadas por peldaños convencionales a cada lado. En una de las escaleras clásicas, se habían colocado coloridos mensajes en los peldaños (ver fotografía) animando a los compradores a ejercitarse con una subida a pie. Ni los usuarios que bajaban por este lado ni los que los que tomaban las otras escaleras convencionales veían los eslóganes.
Antes de colocar los mensajes, los investigadores habían analizado durante tres semanas los hábitos de los consumidores.
Efectos duraderos
Casi 82.000 personas subieron o bajaron durante ambos periodos. El uso de las escaleras con los coloridos eslóganes aumentó "sustancialmente" tras incluir los eslóganes: prácticamente, se triplicó (creció un 190%). Es más, también creció, aunque en menor medida, el número de personas que bajaban andando y los usuarios que empleaban las que no llevaban mensaje.
"Esto indica que la gente que está expuesta a las señales 'se queda con el mensaje' y sigue usando las escaleras en ocasiones posteriores", dice Webb. De hecho, tanto este experto como Eves están convencidos de que cuando optamos por tomar el ascensor o las escaleras mecánicas lo hacemos como consecuencia de un hábito inconsciente. Sólo el 5,5% de la gente opta por un ascenso a pie en los lugares públicos.
Después de este estudio, los investigadores británicos decidieron ver qué pasaba en unas escaleras alejadas, dentro de ese mismo centro comercial. "La introducción de las señales incrementó el empleo de escaleras en ambos lugares, confirmando que estos mensajes tienen efectos duraderos", añade el investigador. El uso de las escaleras aumentó un 161% en aquellas donde se colocaron las pegatinas y un 143% en las que no llevaban ningún mensaje. El empleo de los peldaños siguió siguiendo alto cinco semanas después de retirar los mensajes.
De hecho, ahora Webb planea investigar los efectos a más largo plazo. "Todavía no estamos seguros sobre su eficacia a largo plazo, pero hay algunas evidencias de que los efectos pueden ser bastante duraderos [una vez que se retiran los eslóganes]", precisa.
A los autores les resulta especialmente "esperanzador" el hecho de que "el mayor incremento se produjese entre las mujeres [menos dadas a subir a pie, según su análisis previo]. Las mujeres son más sedentarias que los hombres, así que conseguir que hagan actividad física es una prioridad de salud pública", explican.
"Las actuales recomendaciones animan a la población a acumular actividad física mediante varias actividades cortas a lo largo del día, así que subir escaleras es ideal. Otras actividades similares, como las tareas del hogar, la jardinería y bailar también queman calorías, así que probablemente también puedan contribuir a controlar el peso", comenta.
Fuente: elmundo.es
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Las mujeres que comen patatas ya sea de bolsas o fritas son el doble de propensas de tener cáncer de útero y de ovarios, según informa la BBC.
Una investigación alemana estudió los hábitos alimentarios de 120.000 personas, 62.000 de las cuales eran mujeres, y descubrieron que aquellas que comieron más acrilamida (un tipo de compuesto orgánico que se forma al freir los alimentos a más de 120 ºC) eran más propensas a sufrir cáncer uterino.
Un estudio de la Universidad de Maastrich publicó una investigación en el que encontró la relación entre las acrilamidas en la dieta y el riesgo de cáncer.
Sin embargo, según explican los expertos, "es muy difícil eliminar este tipo de compuesto orgánico de nuesta dieta"." Si se quieren mantener en condiciones los alimentos durante un tiempo, es necesario añadir colorantes y conservantes".
En el estudio, de once años de duración, se descubrió que 327 de ellas desarrollaron un cáncer de útero, mientras que 300 desarrollaron un cáncer de ovarios. Esto ocurrió en aquellas que comieron 40 microgramos de acrilamida al día (Ej.: una bolsa mediana de patatas fritas).
Varios expertos del Reino Unido aseguraron que también pueden influir otros aspectos en este hecho, por lo que las mujeres no tienen que preocuparse a priori hasta que no se averigüen todos los datos.
A pesar de estas investigaciones, los científicos aseguran que este estudio hay que reforzarlo con otros estudios en un futuro próximo.
Fuente: 20minutos.es
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Un nuevo estudio publicado por la Asociación Médica Americana desvela que aquellas personas con sobrepeso u obesidad que están en buena forma tienen un riesgo de mortalidad mucho más bajo que aquellos que cuentan con un peso más normal pero con bajos niveles de ejercicio.
El experto Steven Blair, de la Universidad de Carolina del Sur, y su equipo estudiaron a cerca de 2.600 mayores con edades superiores a los 60 años y han demostrado que aquellas personas obesas que realizan a menudo ejercicio físico tienen una esperanza de vida de, al menos, unos 12 años, cuatro veces más que aquellos que dedican menos horas a ejercitarse.
"Estar en buena forma mejora la protección contra la mortalidad para los mayores, ya sea una persona delgada u obesa", dice Blair.
El descubrimiento es particularmente relevante teniendo en cuenta el estilo de vida sedentario
de la sociedad actual siendo las tasas de obesidad cada vez mayores. "Tenemos una epidemia de obesidad y eso es una mala señal. Pero no sólo debemos centrarnos en ese problema, debemos tener en cuenta la parte correspodiente al ejercicio y la actividad física", asegura Blair.
"Si alguien hace tres paseos al día de diez minutos cada uno y hace eso cinco días a la semana, no perderá una gran cantidad de peso, pero por lo menos estará mucho más saludable que antes", recomienda como conclusión.
Fuente: 2ominutos.es
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Según un artículo publicado esta semana en BBCNews, investigadores de la Universidad de Alberta afirman que los alimentos dietéticos para niños podrían llevarlos involuntariamente hacia la obesidad y a comer en exceso.
En pruebas realizadas con jóvenes roedores, los animales a los que se les dieron versiones bajas en calorías de alimentos, se vieron inducidos a comer en exceso en sus comidas habituales, estuviesen delgados o gordos.
Los investigadores, cuyo estudio se ha publicado en la revista Obesity, creen que las versiones bajas en calorías de alimentos que habitualmente tienen un alto contenido calórico trastornan la capacidad del cuerpo de utilizar el sentido del gusto para regular la ingesta de calorías.
Según el investigador principal, el Prof. David Pierce: "En función de lo que hemos observado, es mejor para los niños seguir unas dietas equilibradas y saludables, con suficientes calorías para sus actividades diarias, en lugar de tomar comidas o tentempiés bajos en calorías".
Sin embargo, en el caso de ratas adolescentes, un poco más mayores, el consumo de alimentos dietéticos no produjo los mismos efectos. Los investigadores creen que estos roedores no comieron en exceso porque, al contrario que los más jóvenes, ya disponían de una serie de claves relacionadas con el gusto que les permitieron evaluar correctamente los valores energéticos de los alimentos.
Según la investigación realizada por el Prof. Pierce y su equipo, el mejor modo de mantener a los niños sanos y en buena forma es por medio de una dieta equilibrada y de ejercicio. "Los alimentos dietéticos no son una buena idea para los jóvenes que todavía están en período de crecimiento", señala.
El Dr. Colin Waine, presidente del National Obesity Forum del Reino Unido, ha pedido precaución a la hora de extrapolar los resultados de los roedores a los humanos, aunque ha señalado que "es una teoría interesante, especialmente con la cantidad de alimentos bajos en calorías que existen actualmente".
Fuente: euroresidentes.com
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Las comidas y las bebidas dietéticas pueden causar un consumo excesivo de alimentos en los niños y obesidad, un problema considerado una epidemia en Estados Unidos, reveló un estudio difundido por la revista Obesity.
La investigación realizada por científicos de la Universidad de Alberta, en Canadá, indicó que, en general, los animales tienden a relacionar el sabor de un alimento con la cantidad de energía que contienen.
En el caso de los niños que consumen alimentos dietéticos y que, normalmente, son de alto nivel calórico pueden distorsionar esta relación, lo que los lleva a comer en exceso cuando están en pleno desarrollo.
Según David Pierce, sociólogo de la Universidad de Alberta y autor del estudio, "es mejor que los niños consuman alimentos saludables en dietas balanceadas con calorías suficientes para sus actividades diarias y no tentempiés o platillos de bajas calorías".
Los científicos llegaron a esta conclusión sobre la obesidad infantil en una serie de experimentos con ratas en los que demostraron que los alimentos y bebidas de bajas calorías provocaron un consumo excesivo de comida, tanto en animales de peso normal como ya obesos.
Aunque ambos tipos de roedores ingirieron comida en exceso, la mayor cantidad de calorías tuvo implicaciones graves en los que eran obesos, señalaron los científicos.
Pierce agregó que este "proceso de condicionamiento" podría explicar otros estudios como el realizado recientemente por científicos de la Universidad de Massachusetts.
Estos descubrieron que existe una relación entre las bebidas de dieta (entre los niños) y un mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas.
"Una cosa es clara. Nuestra investigación ha demostrado que se puede inducir a los animales jóvenes a comer en exceso con alimentos y bebidas de bajas calorías suministrados de forma diaria y que esto altera su equilibrio fisiológico y energético", manifestó Pierce.
Según cifras de los Institutos Nacionales de la Salud, alrededor de un 60 por ciento de la población de más de 300 millones de personas es obesa o tiene sobrepeso.
Esos altos niveles significan un mayor número de enfermedades cardiovasculares, diabetes y hasta cáncer y, por consiguiente, constituyen una pesada carga para los servicios de salud.
Fuente: salud.com
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